Nos movemos para cuidar

Los desplazamientos con tareas del cuidado representan el 90% de la movilidad cotidiana de las mujeres
Autoría: Claudio Olivares Medina. Licencia: NonCommercial-NoDerivs 2.0 Generic (CC BY-NC-ND 2.0)

La movilidad es un tema que afecta a la esencia de la vida diaria de las personas y a sus seres queridos en cualquier ámbito: por ejemplo si por un imprevisto o emergencia nos quedamos parados e inmovilizados en un lugar, no podemos hacer la compra de comida, recoger a nuestras niñas y niños en el cole o acompañar a nuestros mayores a un médico.

En la mayoría de los debates, el análisis del transporte se centra sobre la accesibilidad al lugar de trabajo, argumentando que es el gran problema de los sistemas de transporte, y considera por separado algunos de los diferentes motivos de viaje relacionados con la movilidad que me atrevo a llamar del invisible: la movilidad del cuidado, como por ejemplo el acompañar a las niñas/niños al colegio, a las personas mayores al centro de salud, ir a hacer la compra cotidiana o a la farmacia. Sin embargo, de este a oeste, de Estados Unidos a Europa hasta Medio Oriente, los viajes relacionados con tareas del cuidado representan más del 40% de la totalidad de los desplazamientos y, en la mayoría de los casos, representan el 90% de la movilidad cotidiana de las mujeres. A través del análisis comparativo de encuestas de movilidad europeas y americanas, el taller sobre transporte y género del congreso anual americano del transporte (TRB 2019) señala que el porcentaje de viajes para cuidar es constante, incluso en continentes, países y regiones diferentes.

Son viajes, en su mayoría, interdependientes en términos de horario, es decir, la hora de inicio de un desplazamiento depende de la hora de finalización del otro y viceversa (por ejemplo, generalmente no se puede ir a trabajar antes de llevar a sus hijos/hijas a la escuela). Por lo tanto, las cadenas de viaje son esenciales para la movilidad en lo referido a las tareas de cuidado y pueden reducir la disponibilidad de tiempo de las personas cuando no son fluidas.

Existen evidencias que muestran las diferencias entre el comportamiento de viaje por trabajo (remunerado) o por cuidado (no remunerado). Sin embargo, estas evidencias escasas veces se tienen en cuenta cuando se planifican los sistemas de transporte.

Es bien sabido que las personas que más movilidad por tareas de cuidado realizan, las mujeres, utilizan más el transporte público. Viajan distancias más cortas, realizan cadenas de viaje más complejas, a menudo viajan acompañadas (especialmente con personas dependientes) y hacen compras diarias. También experimentan mayores obstáculos y limitaciones en términos de accesibilidad física, seguridad y protección en comparación con los hombres y, debido a sus roles tradicionales de cuidado y reproducción, son también más pobres en tiempo.

La movilidad del cuidado realizada por parte de las mujeres se evidencia también en otro estudio internacional, donde destaca la mayoría neta de viajes de mujeres entre los 30 y 49 años.

Diferencias en el número de viajes entre hombres y mujeres en Francia, EEUU y Alemania. Fuente: French National Travel Survey 2007-2008, US National Household Travel Survey 2017, German Mobility Panel 2001-2016.

Diferencias en el número de viajes entre hombres y mujeres en Francia, EEUU y Alemania. Fuente: French National Travel Survey 2007-2008, US National Household Travel Survey 2017, German Mobility Panel 2001-2016.

 

Si la planificación del transporte siguiera el reparto real de modos de transporte y su distribución por género (un reparto donde la mayoría de los viajes de la población activa lo hacen las mujeres entre 30 y 49 años, como se ve en la figura anterior), probablemente debería centrarse en la planificación de las infraestructuras para desplazarse a pie o en transporte público no solo en hora punta, más que en el coche. Cuando la estrategia de las políticas de transporte tenga una perspectiva de género es per se orientada a la sostenibilidad, la salud y el bienestar de la ciudadanía y apunta a una mejora de la accesibilidad universal al transporte público, y a la satisfacción de las necesidades de la movilidad para todos.

El análisis de la movilidad del cuidado proporciona las claves para comprender como se mueven más las personas, desde la diversidad, y apoya el desarrollo de nuevas directrices para el diseño de propuestas innovadoras a prototipar por parte de empleados municipales y ciudadanía que quieran explorar fórmulas de colaboración entre la administración pública y la ciudadanía.

Cualquier servicio de movilidad (transporte público o compartido o con una visión futurista, coches autónomos) necesita ideas innovadoras para adaptar un sistema de redes de transporte prevalentemente orientado a alcanzar el lugar de trabajo a otro tipo de movilidad, más compleja, pero también más constante, independiente de los ciclos económicos de crisis, la movilidad del invisible o del cuidado.

Propuestas creativas relacionadas con la movilidad activa para la infancia y la adolescencia facilitan el acceso a la ciudad de forma autónoma a los menores y liberan tiempo para las mujeres a cargo de estos viajes de cuidado. Sin embargo dar el paso y apostar por ser un “camino seguro” continuo necesita invertir la jerarquía en favor de peatones, ciclistas y usuarios del transporte público, permitiendo a los menores empoderarse de su propia movilidad y liberar el tiempo del adulto a cargo de su movilidad, en otros términos significa repensar el diseño del espacio público. Propuestas innovadoras a prototipar serán bienvenida a esta nueva convoctoria de proyectos de Madrid Escucha.

Floridea Di Ciommo es mentora de la segunda edición del proyecto Madrid Escucha.

 

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