La oportunidad de los laboratorios ciudadanos: introducción al Lab Meeting 2018

Visión cenital de ltras Lab con gente en el patio de Medialab
03.07.2015 Battle Royale / Medialab Edition

La innovación ciudadana alude a la capacidad que tienen las personas y las sociedades para transformar y mejorar la vida en común. El diseño de muchas de las instituciones y políticas públicas que hemos heredado contempla a los ciudadanos más como receptores de unos servicios que como agentes activos de cambio. De esta forma se produce una distancia creciente entre las personas y las instituciones y esto se percibe como un problema.

Al margen de las grandes estructuras de los gobiernos y de los mecanismos del mercado los ciudadanos han sabido organizarse para generar sus propios recursos e infraestructuras desde la proximidad de lo local y a través de la colaboración a distancia que permite la red. Estas prácticas, que podemos situar en la tradición del procomún, pueden ayudarnos a repensar otras formas de lo público y otras economías en las que las sociedades no sientan que aquello que afecta a sus vidas responde a mecanismos que están fuera de su control.

Los laboratorios ciudadanos tratan de dar respuesta a la necesidad de ensayar nuevos modelos de institución pública en los que las personas juegan un papel activo. Para ello ofrecen lugares de encuentro para la experimentación y la producción de proyectos de manera colaborativa. Los equipos de trabajo están formados por los promotores de una idea y todo aquel que quiera contribuir al desarrollo de la iniciativa. Son por tanto formas de colaboración público-social que favorecen la cooperación directa e indirecta entre desconocidos y que por tanto generan, además de proyectos de innovación ciudadana, nuevas comunidades de práctica y aprendizaje.

Los laboratorios ciudadanos son ya parte del discurso de las políticas urbanas y de las llamadas ciudades inteligentes, que ya no serían aquellas ciudades digitalizadas y más eficientes gracias a redes de sensores sino aquellas que incorporan las capacidades de los ciudadanos en la construcción de la propia ciudad como lugar para la cooperación y la convivencia.

Los laboratorios ciudadanos también juegan un papel esencial en los debates sobre el futuro de instituciones culturales como los museos y las bibliotecas, que empiezan a verse también como lugares de producción y experimentación. En el ámbito educativo, donde se están recuperando teorías de aprendizaje basado en proyectos desarrollados en abierto con la comunidad, también se considera útil la experiencia de los laboratorios ciudadanos. Algo similar ocurre en el campo de la ciencia, donde los movimientos de ciencia abierta y ciencia ciudadana consideran que la investigación y las políticas científicas del futuro deberán ser capaces de incorporar de manera activa a los ciudadanos. O en la administración pública, donde los laboratorios ciudadanos, junto a los denominados laboratorios de gobierno, han entrado en la discusión sobre las nuevas formas de diseño e implementación de políticas públicas en las que la ciudadanía desempeñará un papel clave.

Por último, los laboratorios ciudadanos pueden convertirse en un instrumento esencial para la cooperación internacional entre ciudades y municipios.

En un mundo cada vez más interconectado y con sistemas de poder distribuidos, es imprescindible crear redes de colaboración estables, a modo de palancas de cambio y transformación eficientes.

Los retos de los laboratorios ciudadanos

En los próximos años los laboratorios ciudadanos tendrán que explorar modalidades de gestión que permitan su sostenibilidad. Será necesario que amplíen su capacidad de acción y la diversidad de los perfiles de los participantes. Deberán mejorar los sistemas de documentación de los proyectos y buenas prácticas para su facilitar su posterior difusión y replicabilidad. También se hace necesario proponer estrategias que ayuden a dar continuidad y sostenibilidad a los proyectos, los colectivos y las personas implicadas.

Algunos antecedentes 

Los laboratorios ciudadanos están construyendo un modelo institución pública todavía incipiente. Por ese motivo es importante la existencia de lugares de encuentro e intercambio de aprendizajes. Desde hace algunos años se han organizado encuentros iberoamericanos como el “Lab to Lab”, “Lab Sur Lab”, los encuentros de cultura digital en Brasil, los encuentros de innovación ciudadana organizados por SEGIB, FLOK society, el Lab Meeting de Madrid 2015 o el Lab.irinto entre otros, que han permitido la construcción de redes de colaboración.

A estas redes de colaboración también han contribuido los talleres internacionales de prototipado colaborativo de Medialab Prado como “Interactivos?”, “Visualizar” o “Inteligencia Colectiva para la Democracia” (ICD), un modelo de taller que desde 2008 se ha utilizado en otras partes del mundo como “Interactivos? Nuvem/Silo”, los “Laboratorios de Innovación Ciudadana” (Labic) de SEGIB, “Ciudades que aprenden” y “La diversidad como emprendimiento” realizados por el Tecnológico de Monterrey y las “Residencias de Innovación Ciudadana” de Medialab Prado y SEGIB.

Estos encuentros generan vínculos entre los participantes que se mantienen a través de listas de correo y en los últimos años grupos de Telegram.

Este encuentro tiene el objetivo de consolidar los canales existentes y abrir nuevos.

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