Resíduos y Humusidades.

Contenedor repleto de basura.

Hace algunas décadas que conocemos laboratorios que se dedican a la materialización de ideas a través del trabajo colaborativo. Son espacios que promueven el acceso al conocimiento de manera horizontal, teniendo como punto de partida la necesidad de crear, desarrollar o solucionar cuestiones relativas a iniciativas ciudadanas. Esos laboratorios quizá están experimentando nuevas formas de relacionar producción y trabajo, operando más allá de la restricta lógica de capital material, privilegiando el desarrollo individual o colectivo, el acceso al conocimiento y el derecho a la experimentación. Quien vive la experiencia percibe que la base de esa estructura es, sin duda, la colaboración. El trabajo colaborativo que se puede encontrar en esos espacios hace referencia a la idea de commons, es decir, a través de él podemos encontrar intercambios en diferentes niveles, sobre todo mediante la creación de lazos sociales, políticos, científicos y, aún, la gestión de recursos. Siguiendo ese modelo, Interactivos?’18: Habitar los RRRResiduos nos trae cuestiones fundamentales sobre el universo de los residuos.

No se puede negar la proliferación desenfrenada de diferentes categorías de residuos en distintas esferas. Cada una de esas categorías tiene su agencia en el mundo y cada cual interfiere a su manera en las formas de vida de ese planeta. Al mismo tiempo son resultados de nuestro modo de vida.

Creo que lo que estas categorías de residuos poseen en común tal vez sea la potencia de readecuación que está en la esencia del residuo. Por lo tanto, me atrevería a decir que todo resto puede ser fértil. El resto es tan sólo parte del efecto de la rearticulación de todos los elementos que escapan o son excluidos de la red de dispositivos que nos rodean como ecosistema o sociedad. El residuo puede ser la inversión en una nueva producción estratégica de sentidos, siendo involuntario o no, el proceso de readecuación está implícito en él. Este proceso de readecuación o, este intento de reaprovechamiento, es un acto creativo hacia el mantenimiento de los dispositivos sociales y ambientales.

Sin embargo, la fertilidad del residuo, sólo será efectiva cuando sepamos ecualizar resto y fertilidad latente, invirtiendo en la capacidad de retroalimentación de los sistemas energéticos de nuestro ambiente.

Siendo así, residuo y energía andan juntos como parte de la relación simbiótica que los constituyen. De esa manera, el residuo se presenta como el humus de la humanidad y, la humanidad, como "humusidad" (HARAWAY, 2016).

En los residuos orgánicos la simbiosis es evidente. La fertilidad de la vida depende del funcionamiento de ese ciclo simbiótico: "con - post" (HARAWAY, 2016) el abono como aquello que contiene el pasado, el presente y el futuro. Pero ¿cómo ecualizar la producción de residuos y el consumo? ¿Cómo vivir con los residuos que producimos? ¿Cómo sobrevivir a ellos, en fin, cómo habitarlos?

La propuesta de habitar el residuo es habitar la abundancia de esos recursos de manera que éstos puedan ser incluidos dentro de una cadena circular. Pues ya no se puede excluir los residuos de la Teoría de Gaia. Si la vida es resultado de las condiciones del medio que es producido por los sistemas vivos en interacción con los no vivos, los residuos son parte de ese proceso también. Me parece interesante tener en cuenta que en el ecosistema, los intercambios de energía y materia son sostenidos por una "cooperación generalizada" (Capra, 1996).

Como ejemplo de cooperación generalizada les traigo el modelo de los sistemas sintrópicos donde el ciclo energético se autoregula en su proceso de actuación. La práctica agroforestal es uno de ellos. Ella obedece una dinámica estructural y estética que considera la simbiosis como agente en el desarrollo de organismos diversos, animales, plantas y humanos. Un sistema agroforestal involucra captar y entender cómo los procesos vitales, los ciclos biogeoquímicos y las relaciones ecológicas están sucediendo, identificando cómo potenciarlos para el aumento de fertilidad, productividad y biodiversidad en el espacio donde están insertas (GÖTSCH, 1995). Por lo tanto, es un sistema vivo y, como tal, su configuración es en forma de redes dentro de redes; donde ocurren los flujos de energía y materia, movidos por la energía solar; donde los elementos que componen el sistema están en una cooperación generalizada, interconectados por alianzas; donde la diversidad imprime mayor capacidad de funcionamiento y orienta para el mantenimiento de un estado estable, manteniendo (e incluso mejorando) la función del ecosistema.

Esta dinámica bastante compleja y al mismo tiempo natural de mantenimiento de fertilidad del suelo, me parece una buena base de pensamiento para crear maneras revolucionarias de tratamiento de residuos. Es decir, reducir, reutilizar y reciclar pasan a ser condiciones primeras para que se pueda prototipar soluciones inteligentes para el tratamiento de resíduos para que estos puedan manifestar su capacidad fértil.


Imaginemos cómo será Interactivos?’18: Habitar los RRRResiduos... Creo que este laboratorio y la ciencia ciudadana que recorre por él pueden funcionar como ecosistemas sintrópicos, como dispositivos de readecuación de residuos, como un gran compost que elabora pasado, presente y futuro proyectando soluciones a las cuestiones para este nuevo mundo que habitamos. Nos hace caminar más confiados en la neblina propia de lo que es contemporáneo. Para eso, se hace necesario trabajar por una innovación integral, llevando a los proyectos a romper con las estructuras que no acogen lo nuevo que despierta: innovándose institucionalmente, suspendiendo mecanismos de mercado donde no son útiles, enfatizando otras y nuevas economías, atentas al diseño de hacer. Esto es, colaborando efectivamente en la transposición a una nueva economía que considere escalas moleculares, que deje de ver la naturaleza apenas como recurso, que enfatice el bien vivir, que transforme el acceso a la tecnología en algo más que apenas el consumo pasivo y alienante de aparatos. Y que, finalmente, podamos hacer o tener una gestión y una gobernanza empática y ciudadana.

Los laboratorios, si pensados ​​como instancias más corporificadas y menos institucionalizadas, pueden funcionar como un dispositivo de proliferación de flujos de información, hasta que éstas ganen forma. El trabajo colaborativo parece ser un intercambio extremo e intenso, con muchas alteridades que se unen por una idea común. Para ello, basta dejar que los proyectos sean sutilmente vulnerables, es decir, establecer relación de escucha, dejar espacio, ventilar, crear brechas para ser llenados por otros saberes. La estructuración de cierta vulnerabilidad puede ser un interesante punto de partida en la construcción de proyectos empáticos que desean ser de lo común, "para sí" y también "para otros".


Referencias

HARAWAY, Donna. Staying with the Trouble: Making Kin in the Chthulucene. Durham: Duke University Press, 2016.

GÖTSCH, E. Break-through in agriculture. Rio de Janeiro: AS-PTA, 1995.
CAPRA, F. A teia da vida: uma nova compreensão científica dos sistemas vivos. São Paulo: Ed. Cultrix, 1996.

 

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